Los plásticos invaden nuestra vida. En casa separamos los envases, el cartón y el vidrio del resto de la basura pero lo habitual es que la bolsa del plástico siempre se llene la primera. Cuando digo «se llene» quiero decir «ya no puedo ni cerrar la puerta del armario en la que la guardo de lo que abulta y veremos cómo la meto en los minúsculos agujeros del contenedor amarillo». A diferencia de la basura general, bajamos la bolsa con los envases (casi todo plásticos) al contenedor todos los días.

Me molestan especialmente (y creo que es algo generalizado) los envoltorios de la fruta y la verdura. Subimos del supermercado con bandejas, paquetes y bolsitas de plástico imposibles de reutilizar que se van directas a la basura. La verdad es que nunca me había planteado que hubiera una solución tan sencilla como estas bolsas de tela, transparentes y sostenibles.

De la misma manera que nos hemos acostumbrado a coger bolsas grandes para cargar la compra, a beber de botellas de vidrio en lugar de las de plástico, a usar copas de silicona en lugar de tampones -por poner tan solo algunos ejemplos- ahora bajamos a comprar con nuestras bolsas individuales. En ellas cargamos las frutas y verduras, les hacemos un nudo, las pesamos y les ponemos la etiqueta. Sin problemas. Pero sobre todo, sin residuos.